Francisco Vidargas y Francisco Javier López Morales
Construida en 1947 en los números 12 y 14 de la calle General Francisco Ramírez, barrio de Tacubaya en la Ciudad de México, como fruto posterior de un proyecto de cuatro jardines privados (1940-1943), la Casa Estudio del arquitecto Luis Barragán (1902-1988) es considerara por los estudiosos "una de las obras maestras de la arquitectura de este siglo", a la vez que "fundadora de la arquitectura contemporánea mexicana". (Fernando González Gortázar, 1994).
La casa, cuyo terreno fue adquirido en 1939 cerca de la antigua calzada de los Madederos (hoy Avenida Constituyentes), fue habitada por el maestro tapatío a partir del otoño de 1948 hasta su fallecimiento, en 1988. Se encuentra edificada al lado de otra de sus casas, levantada en 1941 y que sería -en palabras de Juan Palomar- un ensayo de la segunda, además de una suma de sus ideas, conceptos arquitectónicos y recuerdos personales.
Obra con reminiscencias autobiográficas y propuestas arquitectónicas planteadas desde sus primeras casas en su natal Guadalajara, contiene grandes espacios cerrados y autónomos, grandes y fuertes, austeros y conmovedores, enfatizados por el singular uso que le dio no sólo a la estructura de caracol, sino también a los planos y volúmenes "de estrecheses y amplitudes, claridades y penumbras" (González Gortázar, 1994), así como en el empleo "sensual" de los colores y las luces, elementos base en todas sus creaciones. En resumen, el lugar donde plasmó sus evocadores recuerdos, logrando la personal "satisfacción de sus necesidades y anhelos".
Levantada en un barrio obrero citadino, su autor supo insertar este inmueble
Constructor de casas y edificios "que nos seducen por sus proporciones nobles y por su geometría serena" -como escribió Octavio Paz-, Luis Barragán cumplió en su propia morada con sus conceptos estéticos personales, al cumplir no sólo con las necesidades utilitarias y funcionales del lugar, sino alcanzando primero "la belleza y el atractivo de sus soluciones", respetando la tradición y las características del lugar, y después cumpliendo con el gran reto y responsabilidad de un arquitecto, el que sus espacios "provoquen la belleza, el placer y la felicidad" mediante la
Humanista excepcional, asimiló lo mismo los lenguajes arquitectónicos y artísticos manieristas de Andrea Palladio (su biblioteca guarda la edición primera de sus I quattro libri dell'architettura, Venecia, 1570), que de Ferdinand Bac (Jardins enchantés y Les Colombières), Le Corbusier (arquitectura como belleza), Adolf Loos (arquitectura funcional), Frederick Kiesler, Richard Neutra, los empiristas nórdicos (afán de recuperación de los métodos y materiales tradicionales), el movimiento De Stijl (arquitectura como unidad plástica), Giorgio de Chirico (sus imágenes de paisajes urbanos mediterráneos), la Staatliches Bauhaus (nueva estética arquitectónica) con Ludwig Mies van der Rohe (simplicidad de elementos y composición) y, finalmente, Mathias Goeritz (arquitectura emocional).
Pero también encontramos en sus obras la huella de la arquitectura vernácula, la andaluza, mediterránea y árabe, los conventos mexicanos del siglo XVI, el arte popular y sobre todo el trabajo de dos magistrales artistas mexicanos: "
Buscando como arquitecto una fórmula para reponerse de las agresiones de la vida citadina, Barragán construyó y rehizo la casa de Tacubaya a su conveniencia. Ésta le sirvió también como laboratorio arquitectural sometido -como señala Víctor Alcérreca- "a la duda y la corrección", como obra siempre perfectible, utilitaria desde luego pero también concebida para la contemplación, la soledad y el recogimiento espiritual.
La Casa Estudio de Luis Barragán ocupa un total de 1.161 metros cuadrados, de hormigón armado consta de una planta baja, dos plantas superiores y jardín. Su fachada exterior, austera en toda su amplitud, se integra visualmente con las casas vecinas y su único elemento diferencial es una ventana saliente cuadrada, con rejas en retícula. La totalidad del exterior conserva el color y la aspereza naturales del material aplanado.
El ingreso al interior se lleva a cabo a través de una pequeña portería de color ámbar, con piso y escalera volcánicos y paredes retranqueadas. El umbral es paralelo a la cochera. El muro izquierdo está recubierto con una plataforma de madera que termina, casi a nivel de piso, con una banca. De ahí pasamos al vestíbulo, de color rosa y blanco, que ordena la circulación de la casa, bien al primer nivel (zona de servicios y social), bien al segundo nivel, a través de una volumétrica escalera exenta de barandal y en cuyo descanso nos encontramos de frente con un retablo dorado obra de Mathias Goeritz. La iluminación del lugar nos revela un sin igual "empleo expresivo y cuidadoso de la luz" (Noelle, 1996) dentro de los elementos y la decoración.
De ahí pasamos a la estancia, "el espacio confinado más conmovedor y memorable -resalta González Gortázar- que haya creado la arquitectura mexicana" del siglo XX y la biblioteca, recibidos por un muro biombo y un gran ventanal que mira hacia el jardín. El espacio libresco, organizado mediante biombos que separan sus funciones, se encuentra iluminado por la misma ventana de la fachada, pero resguardado del exterior mediante vidrios opacos.
La forma en que la columna-volumen central de esta área principal se prolonga
Aquí se encuentra uno de los elementos más famosos del quehacer arquitectónico de Barragán, la escalera que asciende, ligera y monumental a la vez, hasta la sala de música, entrepiso separado de la biblioteca mediante una celosía a media altura que le permite dominar la luz.
La biblioteca nos comunica directamente con el taller, espacio de doble altura y ventanales, con vigas de madera de color amarillo, paredes blancas y pisos también de madera, con iluminación cenital. Una salida indirecta nos lleva al patio de las ollas, con su hermosa pileta de agua y muro rosado cubierto por una frondosa enredadera.
El singular jardín "opulento y semisalvaje", conserva dentro de su vastedad natural las huellas de innumerables intervenciones experimentales y adecuaciones del inmueble, además de que está concebido como "un oasis en medio del desierto" de asfalto de la Ciudad de México, donde priva "el plácido murmullo del silencio, y que... cante el silencio" (Barragán, 1980).
Del otro lado del primer nivel se encuentran la cocina, el peculiar desayunador, el comedor (con su mesa adosada al muro) y los servicios, diseñados todos para poder ver, mediante ventanas de diversos tamaños y alturas, el jardín.
A la segunda planta también se accede a través del vestíbulo del primer piso, por donde se entra directamente al vestidor o Cuarto de Cristo, espacio que distribuye la circulación tanto a las habitaciones de Barragán, como a la terraza. Junto a su dormitorio se localiza el Cuarto Blanco o habitación de la tarde (con sus ventana cerrada por postigos-biombos), espacios los dos de una sobriedad decorativa y de mobiliario, concebidos para el descanso y la reflexión, anunciando "el evangelio de la serenidad" (Barragán, 1980).
Mirando a la calle se ubica la habitación de huéspedes (originalmente terraza) y contigua está la sala de música o tapanco, vinculada a la biblioteca -recordemos- por la magistral escalera, y que presenta una singular ventana en forma de cruz, obsesión propia del autor.
La tranquila terraza -reminiscencia no lejana de Le Corbusier- se encuentra accesible a través del vestidor y en ella ubican, por medio de planos y volúmenes, los requerimientos funcionales de la casa: cuartos de servicio, lavandería y tanques de agua. Soluciones técnicas que a la vez que resolvieron problemas utilitarios, ofrecen un "mensaje de belleza y emoción" (Barragán, 1976).
Observando el conjunto habitacional, las cualidades de la Casa Estudio de Luis Barragán se muestran en el tratamiento de los espacios interiores, dónde juega sobre esquemas de colores no precisamente armónicos, como en la "poética" secuencia de la entrada, plena en elementos de "magia, serenidad, embrujo y misterio" (Barragán, 1981).
Arquitectura concebida no sólo como límpido espacio habitable (con notable ausencia de elementos decorativos opulentos o deslumbrantes), sino también -y sobre todo- como obra para el deleite y la contemplación (sin "proporciones mediocres"), la Casa Estudio de Luis Barragán contribuyó, no cabe duda alguna, a la gran tarea y esperanza del propio creador, el
Por su trascendencia para la arquitectura mexicana, el gobierno declaró en 1988 al inmueble Patrimonio Artístico Nacional y fue adquirido, junto con su acervo artístico, para su conservación por la Fundación de Arquitectura Tapatía y el Gobierno del Estado de Jalisco, con el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, decisión que aplaudieron públicamente un gran número de intelectuales mexicanos, lo mismo escritores y artistas como Octavio Paz, Álvaro Mutis, Vicente Rojo, Juan Soriano, Carlos Monsiváis, Rafael Barajas El Fisgón, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Federico Silva, Jorge Alberto Manrique y Fernando del Paso, que arquitectos como Abraham Zabludowsky, Ricardo Legorreta, Teodoro González de León, Mario Schjetnan, Carlos Mijares, Alberto González Pozo y Gonzalo Villa Chávez.
Más tarde, en 2004, con el apoyo de los directivos de la Casa Museo Luis Barragán y de las autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes, fue presentada para su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, donde quedó inscrita no sólo por su valor único excepcional, sino también por ser testimonio y converger en ella corrientes estéticas y elementos artísticos modernos, autóctonos tradicionales, filosóficos y artísticos. El resultado es una síntesis arquitectónica que ha ejercido una influencia considerable en el diseño contemporáneo de jardines y paisajes urbanos.
La Casa Estudio de Luis Barragán, en la Ciudad de México, es testimonio invaluable de la búsqueda de una expresión propia mediante la recuperación de la tradición arquitectónica mexicana, pero asimismo, del universalismo de las culturas.
En síntesis, arquitectura emocional concebida en plena libertad creadora, mediante soluciones inquietantes que nos llevan, sin concesiones, a los profundos recintos de la belleza y el placer.
Víctor Alcérreca. 2004. Guía Casa Luis Barragán. México: Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, A.C.
Alfonso Alfaro. 1994. Voces de tinta dormida: itinerarios espirituales de Luis Barragán en En el mundo de Luis Barragán. México: Artes de México No. 23.
Luis Barragán: 1980. Discurso de aceptación del Pritzker Architecture Prize. The Hyatt Foundation.
Luis Barragán. 1985. Conceptos (trabajo doctoral leído al recibir el doctorado Honoris Causa) en Luis Barragán. Arquitecto (exposición). México: Museo Rufino Tamayo.
Luis Barragán, Ignacio Díaz Morales, Rafael Urzúa. 1985. Carta de Guadalajara. Guadalajara: Diario de Occidente.
Fernando González Gortázar. 1994. Indagando las raíces en FGG (coordinación y prólogo) La arquitectura mexicana del siglo XX. México: Conaculta.
Álvaro Mutis. 1994. Recintos de un espíritu en En el mundo de Luis Barragán. México: Artes de México No. 23.
Louise Noelle. 1996. Luis Barragán. Búsqueda y creatividad. México: UNAM.
Octavio Paz. 1994. Los usos de la tradición en En el mundo de Luis Barragán. México: Artes de México No. 23.
Elena Poniatowska. 1976. Luis Barragán. Entrevista. México: Periódico Novedades.
Jorge Salvat. 1981. Los colores de México. Entrevista a Luis Barragán. Madrid: Revista Nodo No. 45.
Marcelo Ebrard Casaubón, Eduardo Matos Moctezuma, Salvador Aceves, Álvaro Matute, Stella María González Cicero y Francisco Javier López Morales (coordinadores). 2009. México, ciudad de la luna. Patrimonio Cultural y Natural. Barcelona: UNESCO-Gas Natural-Unión Fenosa, pp. 286-295.


