lunes 13 de diciembre de 2010

Rostros de la ciudad de México



Francisco Vidargas

Para Rosa e Imma.

Desde la época prehispánica, la ciudad de México ha sido el núcleo urbano de la nación: la antigua Tenochtitlan se encontraba poblada por cerca de 200 mil habitantes, siendo una de las más grandes concentraciones humanas de su tiempo. A partir de la conquista española, se produjo una drástica merma en la población que se mantuvo a lo largo del periodo virreinal hasta gran parte del siglo XIX, pero desde las primeras décadas del XX se experimentó un crecimiento sin precedentes.



El primer gran impulso modernizador de la ciudad de México se dio, principalmente, en la segunda mitad del siglo XX, pero al generarse un acelerado proceso de desarrollo, se arraigaron también sus grandes conflictos: una creciente y desordenada urbanización que sobrepasó hace tiempo los límites naturales del valle, pobreza extrema en amplios sectores de la sociedad y una despiadada explotación de los recursos naturales.

Los cambios sufridos en la forma de vida de las sociedades latinoamericanas en general, han sido mucho más violentos y acelerados que lo experimentado por los países industrializados. Las agobiantes crisis financieras y políticas, el desmesurado crecimiento poblacional, los renovados vicios educativos, inciden significativamente en todo aquello que nos hace y forma como naciones. Y entre los afectados se cuentan, siempre, los testimonios del pasado, prueba objetiva de la cultura y la identidad de cada país.

Si la arquitectura, a lo largo del tiempo, ha sido el arte "que mejor manifiesta el carácter, las tendencias de una sociedad" -como escribió Octavio Paz-, es alarmante como en nuestras ciudades muchas de las trazas originales y mucho de su patrimonio cultural ha sido degradado, como resultado de una devastadora modernización.

Latinoamérica -señaló Hernán Crespo- "en su afán de modernidad, entr[ó] en el torbellino arrollador y [ha perdido] valiosos fragmentos de su memoria cultural".1

*

La antigua Tenoch, ciudad de los dioses 9, fue fundada a un costado del Lago de Texcoco en 1325 d. C., por el pueblo mexica que había salido, probablemente, de la mítica Aztlán “lugar de la blancura”, en busca de tierras donde asentarse.


Son dos las empresas constructivas de la población: la primera entre 1325 y 1428, etapa que consolida el territorio y de luchas encarnizadas con los pueblos vecinos; y la segunda entre 1428 y 1523, donde se edifica la gran urbe imperial, reflejo del dominio militar de los tenochcas.


En Tenochtitlan "tunal divino donde está Mexitli", vivieron más de 200 mil personas en medio de una laguna, con cuatro enormes calzadas que la comunicaban con cuatro barrios. Varios acueductos la abastecían y sus calles de piedra eran circundadas por canales, por los que transitaban innumerables canoas que transportaban el abasto de la población. La gran capital azteca contaba con grandes palacios y templos, plazas, escuelas, talleres artesanales, zoológico y el mercado más grande del mundo. El centro político y ceremonial, estuvo conformado por 78 edificios.

Sede de un gran imperio, fue derrotada por los conquistadores españoles y los pueblos indígenas aliados en 1521 y tres años más tarde, de la ciudad donde se posaban las águilas, donde se erguían los tigres y el Sol era invocado, sólo quedaron ruinas.

Su arquitectura se agrupa en tres tipos: templos o teocallis y edificios públicos, palacios y casas principales y las viviendas del pueblo. Emplearon en las edificaciones materiales como la cantera, la cal, el tezontle (piedra volcánica ligera, muy porosa, de color rojizo), arcilla, madera y tule (palma dúctil).


El Templo Mayor representó para la cultura mexica el centro fundamental de su cosmovisión, puesto que de él partían los cuatro rumbos del universo. Fue el lugar por donde se ascendía a los niveles celestiales o trece cielos, y a la vez por donde se podía bajar al mictlan, el más profundo de los nueve niveles o inframundos. Lugar sagrado por excelencia, en su parte superior albergó representaciones de las deidades del agua y de la guerra, Tláloc y Huitzilopochtli, a cuyos adoratorios se accedía por dos escalinatas.

Construido en el centro de la población, el recinto sagrado estuvo rodeado por una gran muralla llamada "Coatepantli", adornada con formas de serpientes. A lo largo de 200 años, al inmueble se le hicieron añadidos en diversas etapas constructivas, algunas simplemente en la fachada, pero en otras siete (1375-1520 d.C.) con crecimiento a los cuatro lados, hasta alcanzar en su última etapa edilicia 82 metros por lado y 40 metros de altura.


El conquistador Hernán Cortés en su Segunda Carta de Relación, describió así a la ciudad y al monumento:


Hay bien cuarenta torres muy altas y bien obradas, que la mayor tiene
cincuenta escalones para subir al cuerpo de la torre; la más principal
es más alta que la torre de la iglesia mayor de Sevilla. Son tan bien la-
bradas, así de cantería como de madera, que no pueden ser mejor hechas
ni labradas en ninguna parte, porque toda la cantería de dentro de las
capillas donde tienen los ídolos es de imaginería y zaquizamíes, y el
maderamiento es todo de mazonería y muy picado de cosas de monstruos
y otras figuras y labores.

En el patio sagrado del Templo y en las salidas, pasos y entradas, como la del Águila, en el palacio menor, la de Ácatl Iyacapan "Punta de la Caña" y la de Tezcacóac "Serpiente de espejos", durante la fiesta de Huitzilopochtli, se llevó a cabo una de las grandes matanzas, como diez años antes lo habían presagiado ocho funestos sucesos, con apariciones en el cielo de espigas y llamas de fuego, con el incendio del sitio divino denominado Tlacatecan, "Casa de mando", con la inundación y desplome de casas por agua "hirviente", y por la aparición de personas "monstruosas" de dos cabezas y un solo cuerpo.2

Consumada la conquista del señorío mexica, destruida la ciudad según la consigna de los vencedores, se levantó lo más pronto posible sobre los cimientos de la ciudad originaria una nueva, con el fin -como lo refiere Guillermo Porras Muñoz- de producir un efecto psicológico en la población al "ver que los conquistadores [...] estaban allí para quedarse".3 La traza la llevó a cabo el alarife español Alonso García Bravo. Los trabajos dieron inicio el mismo 1523, puesto que el Cabildo "celebró sus primeras reuniones en 1524, cuando estuvo terminada la fortaleza de las atarazanas".4

Las actas de la ciudad mencionan que en 1527 dieron inicio las obras de las casas de Cabildo, primera sede del gobierno capitalino, concluyendo su primera etapa en 1536. Por su parte Hernán Cortés, al hacerse la distribución de solares, se había asignado los espacios que ocupaban el palacio de Moctezuma, lugar que ocupa después el Palacio de los Virreyes, y el palacio de Axayácatl, hoy sitio en que se encuentra el Nacional Monte de Piedad. Las casas del conquistador fueron "tan grandes como una aldea", habiendo trabajado en ellas hombres originarios de todos los pueblos alrededor de la ciudad.5

Los vestigios de toda la antigua metrópoli quedaron cubiertos por las construcciones novohispanas, lo que dificultó por varios siglos el acceder a ellas. Sin embargo, desde 1845 comienza los trabajos de investigación del sitio Leopoldo Batres, que en 1913 prosigue Manuel Gamio y así sucesivamente, hasta llegar a 1978, en que gracias al proyecto Templo Mayor, que lleva más de 32 años laborando, se han podido recuperar no sólo gran cantidad de ofrendas con un sinnúmero de objetos y materiales, sino fragmentos de grandes edificaciones prehispánicas.


Sobre buena parte del Templo Mayor pasaba la antigua calle de Santa Isabel, después calle de Guatemala, misma que fue drásticamente fragmentada para poder excavar en la zona. Con esta acción se han podido descubrir otros adoratorios como el Tzompantli, al norte del edificio principal y los llamados templos Rojos, ubicados al norte y al sur del recinto principal. También el conjunto arquitectónico Casa de las Águilas, en cuya entrada principal se descubrieron dos espléndidas esculturas en cerámica de guerreros águilas, así como otras dos de Mictlantecuhtli "Señor del inframundo".6


Es innumerable lo que subsiste debajo del Centro Histórico de la ciudad de México y afortunadamente se ha podido penetrar en diferentes lugares, localizando diversos asentamientos antiguos de la gran Tenochtitlan. Así, desde 1991 se han realizado más de 30 intervenciones, entre las que destacan la ubicación de templos como el del Sol bajo Catedral; el Calmecac a los pies del Centro Cultural de España; y el Juego de Pelota junto con el templo de Ehécatl-Quetzalcóatl debajo de la calle de Guatemala.

Restos se han encontrado por doquier a lo largo del tiempo: la cabeza de serpiente que se localiza en el palacio de los condes de Santiago de Calimaya, en las esquinas de Pino Suárez y República de El Salvador; el templo circular dedicado al dios del viento Ehécatl, encontrado en los años setenta, durante las excavaciones del metro en la misma avenida Pino Suárez; los restos arquitectónicos bajo del Centro Cultural de España, en la calle de Guatemala, donde fueron rescatadas esculturas de los dioses Mictlantecuhtli y Xiuhtecuhtli, además de grandes almenas en forma de caracol y un ave de grandes garras.


En la calle de Moneda, cerca del palacio de Arzobispado y el templo de Santa Teresa la Antigua, se han recuperado restos de la escalinata del templo de Tezcatlipoca, así como una escultura circular representando al Sol y en su alrededor, 11 escenas de conquistas de un tlatoani mexica. En cuanto al Palacio Nacional, edificado encima del palacio de Moctezuma Xocoyotzin y de las casas de Hernán Cortés, a partir de la gran intervención realizada en el recinto oficial en 1972, se encontraron lo mismo tumbas sobre estucos prehispánicos, como restos de estructuras y bases monolíticas mexicas y novohispanas, aportando valiosos documentos sobre la cultura occidental en la antigua Tenochtitlan.7

Recientemente, en octubre de 2006 frente a la fachada principal del Templo Mayor, se tuvieron hallazgos de importancia, entre ellos escalinatas de las distintas etapas constructivas. Arqueólogos del proyecto Conjunto Ajaracas, encontraron un monolito cuadrangular tallado sobre roca color rosa, que representa a una deidad mexica relacionada con la agricultura. Y también fue localizado un altar que presenta dos frisos adosados a muro, uno de ellos representando a Tláloc, que pertenecen a la etapa constructiva IV (1440-1469), de la época del gobierno de Moctezuma I.

Pero lo más destacado fue la aparición de una colosal escultura de la diosa Tlaltecuhtli, de 4 por 3,57 metros, en el lugar del cuauhxicalco, lugar donde eran colocadas las cenizas de los gobernantes. Por sus características estéticas, puede tratarse de una gran lápida mortuoria de uno de los tlatoanis o gobernantes del imperio mexica.8


Fueron tantas las riquezas de la cultura mexica que fueron destruidas o saqueadas y trasladadas al Viejo Mundo, que en 1520 un año antes de la caída de la gran Tenochtitlan, Alberto Durero en el palacio real de Bruselas, fue el primer artista europeo en ver los objetos del arte azteca enviados por Cortés al emperador Carlos V. De inmediato el artista flamenco comprendió la universalidad de la estética de nuestros antepasados y no ocultó su entusiasmo escribiendo:

He visto las cosas enviadas al rey desde la nueva tierra
del sol. En todos los días de mi vida, no he visto nada
que regocije mi corazón tanto como estas cosas, pues
en ellas ví obras de arte, que me hicieron asombrarme
ante el sutil ingenio de los pueblos de esas tierras
extrañas.

*

Una de las decisiones más trascendentales en el ámbito del rescate, conservación y salvaguardia del patrimonio cultural mexicano, fue la creación del Centro Histórico de la ciudad de México. La parte central capitalina, como núcleo vital del país, concentra a los principales ministerios del gobierno federal, así como a las sedes del poder eclesiástico y financiero.


Tras el hallazgo casual por parte de empleados de la compañía de Luz en 1978, de la magnífica pieza escultórica mexica que representa a la desmembrada diosa lunar Coyolxauhqui -"la de cascabeles en las mejillas", dieron inicio los trabajos arqueológicos del recinto del Templo Mayor de Tenochtitlan, principal edificación religiosa del México antiguo, que como vimos antes, fue un parteaguas en la historia de la arqueología mesoamericana, puesto que ningún otros sitio se le compara en alcance e importancia.


Esto motivó que mediante un decreto presidencial, en 1980 se declarara zona de monumentos histórico al centro de la ciudad, delimitando un área que abarca 1,436 monumentos arqueológicos, históricos y artísticos, distribuidos en 2 zonas, A y B, con 688 manzanas en un perímetro de protección de 9,1 kilómetros cuadrados.

Más tarde, en 1987 el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO inscribió al sitio en la Lista de Patrimonio Mundial, por albergar testimonios excepcionales de sus diversas etapas históricas, destacándose un gran número de inmuebles civiles y religiosos con características estilísticas particulares, que abarcan desde construcciones de una de las más importantes ciudades mesoamericanas, hasta reminiscencias del gótico y el art déco, pasando desde luego por los majestuosos ejemplos barrocos y neoclásicos de imponente manufactura. Fue la primera zona de tales dimensiones que aceptó la UNESCO, en virtud de los importantes esfuerzos realizados por los gobiernos federal y local, para su rehabilitación.


A partir de entonces los gobiernos nacional y local intensificaron las acciones para cumplir las disposiciones de la Convención de Patrimonio Mundial y la ley federal mexicana, los dos instrumentos jurídicos de 1972. Primero a través del Consejo del Centro Histórico de la ciudad de México (1980), normando las actividades que se realizaban en la zona. Después con el Patronato del Centro Histórico (1991), integrado por distinguidos ciudadanos interesados en invertir en el sitio. Y actualmente a través de dos órganos internos: el Fideicomiso del Centro Histórico, creado en 1990 (organismo público desde 2001 y con un Consejo Consultivo para su rescate), que impulsa proyectos de recuperación y salvaguardia en colaboración con las autoridades federales y locales; y la Autoridad del Centro Histórico (2007), que concentra y coordina los trabajos de las dependencias de la administración capitalina que tienen ingerencia en el sitio.


*

Desde 1980 el gobierno local ha implementado diversas acciones tendientes a la rehabilitación integral de la zona. Sin embargo, el excesivo crecimiento de problemas, propiciaron un congestionamiento por encima de las capacidades físicas reales del área urbana, transformando los usos lógicos de espacio. El perímetro A, con longeva vocación comercial, ha padecido en las últimas décadas del siglo XX y la primera del actual, una incontrolada saturación comercial y administrativa, propiciando el desalojo masivo de inmuebles dedicados tradicionalmente a la vivienda. Al igual que en la Europa del siglo XIX, el centro se vino degradando hasta convertirse en una zona insalubre, transformada en una isla de tradiciones y costumbres ya perdidas.


Asimismo, no olvidemos que el Centro Histórico esta levantado sobre la antigua ciudad mexica, que estaba conformada por diversas construcciones y explanadas, cuyos restos arqueológicos se encuentran bajo el nivel de los desplantes de las construcciones novohispanas.



Debido a la extracción de agua que se hace en el subsuelo de la ciudad de México y la consiguiente compactación de las arcillas que lo conforman, muchos de los inmuebles de la zona han sufrido severos hundimientos diferenciales que han minado su estabilidad estructural, como lo han sufrido la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional y el Palacio de Bellas Artes, entre muchos otros.


Estos asentamientos, que provocan cuarteaduras y grietas, perdiendo los edificios su capacidad estructural, se incrementan constantemente con los movimientos sísmicos que frecuentan a la metrópoli -como los temblores de 1985-, causando mayores daños a las condiciones de habitabilidad de la zona.


Todo esto ha contribuido al gradual despoblamiento del área, quedando abandonadas numerosas construcciones, rompiéndose los nexos comunitarios, provocando la especulación inmobiliaria y la inseguridad, y desaprovechando el enorme potencial urbano de las mismas.

Las cifras del 2010 dan un claro panorama: si a la mitad del siglo XX habitaban más de 400,000 personas en el centro, hoy sólo lo ocupan 150,000. De ellos 120,000 residen en el perímetro B y apenas 30,000 en el perímetro A. Asimismo, de las 9, 000 edificaciones que alberga la zona, se calcula que un 70 por ciento de los espacios construidos están desocupados, o son utilizados como bodega.

En contraste, el uso diario del Centro Histórico por más de 2 millones de personas diarias, provenientes de México y del extranjero, ha creado una "infinidad de vínculos con la ciudad entera y el conjunto del país”. Esto quiere decir que el Centro Histórico nunca está solo".9


Las poblaciones son para las comunidades "el retrato de todas las épocas por las que la población ha pasado, de todos los grupos humanos que la han formado", por ello "una población degradada, un pueblo con la imagen destruida, inevitablemente es el retrato de una sociedad igualmente degradada y destruida".10

El programa de rescate de 1991 pretendió revertir la tendencia de deterioro que presentaba el lugar. Las acciones comprendieron, entre otras cosas, el fomento a las actividades productivas no contaminantes y de empleo; la rehabilitación y uso de inmuebles y baldíos para actividades comerciales y de servicios; mejoramiento de servicios y equipamiento; dignificación de barrios habitacionales mediante incentivos fiscales; y desde luego, la restauración y puesta en valor de los monumentos.

Para 1995 habían sido rescatadas más de 400 edificaciones, siendo el 55 por ciento de ellas monumentos catalogados. El 23 por ciento recibieron una restauración integral, mientras que otro 48 por ciento fueron recuperados en fachadas. Todas las obras realizadas en su mayor parte con inversión privada.


En 2000, con un fuerte programa presupuestal del gobierno local y de la iniciativa privada, se abrió la posibilidad de renovar la infraestructura urbana, habilitando nuevas viviendas y sobre todo, demostrando a la sociedad que el rescate del Centro Histórico, su Centro Histórico, es posible. La apuesta es desde entonces, la de ver al sitio como una ciudad viva y no como una ciudad museo.


Para Claude Lévi-Strauss, la ciudad es la "cosa humana" por excelencia, donde el espacio está organizado ingeniosamente, no ingenuamente: es el territorio por descubrir. El Centro Histórico de la ciudad de México tiene un alma que fácilmente podemos descubrir no sólo en sus habitantes, sino en los hechos urbanos, en las grandes manifestaciones colectivas 90 de la vida social que comparte, día con día, su cotidianeidad con el entorno prehispánico y arquitectónico monumental. El patrimonio cultural es "la escena fija de las vicisitudes del hombre, con toda la carga de sentimientos, generaciones, acontecimientos, tragedias privadas y hechos públicos."11

Y así llegamos al origen de todo en la ciudad de México: "en el principio era el Centro". El centro es la más acabada síntesis de lo que se entiende por México, "eje del orden y el desmadre, de las tradiciones y las innovaciones, de la metamorfosis de lo viejo y lo nuevo en un microcosmos sin edad."12

La Declaración de San Antonio (1995) de ICOMOS, dejó en claro que las culturas y el patrimonio cultural de las Américas son distintos de los de otras partes del mundo, por constituir expresiones únicas. En ese mismo sentido, el patrimonio arqueológico de México es distinto al de otros pueblos originarios, en la medida en que constituye "un caso único en cuanto a la representación de las diversas culturas ancestrales y en cuanto a que ha contribuido a la conformación del mensaje de identidad nacional",13 trascendiendo periodos históricos y permaneciendo en la base de la nacionalidad mexicana.

Esto nos obliga a entrar en el terreno de la autenticidad, concepto y cualidades que le dan valor universal excepcional a los sitios culturales declarados patrimonio mundial. En cuanto al Centro Histórico de la ciudad de México y específicamente en el caso de los trabajos de la zona del Templo Mayor, el ejemplo no puede ser más emblemático, puesto que se ha evitado llevar a cabo trabajos reconstructivos arqueológicos, pero paralelamente también se lesionó drásticamente la integridad del paisaje urbano en torno a la Catedral Metropolitana y la antigua calle de Guatemala, que perdió completa una de sus manzanas, como ya había pasado con otros espacios desde principios del siglo XX.


Este sitio es uno de los más visitados a diario, sobre todo los fines de semana, por turistas nacionales y extranjeros y la contradicción surge justamente aquí, pues el público "quiere ver más" de lo ya descubierto, prácticamente ver reconstruido todo el Templo Mayor y por qué no, de una vez toda la ciudad antigua de Tenochtitlan, desapareciendo a las ciudades novohispana y moderna.

Carlos Monsiváis vislumbró perfectamente el entramado que se da en torno al espacio público por antonomasia, la Plaza de la Constitución:


[hay que tomar] en cuenta entre otros los rasgos siguientes:
su notable pasado indígena (el Templo Mayor o Gran Teocalli,
el Palacio de Moctezuma II, el Templo del Sol, y el coatepantli);
sus vecinos a perpetuidad (el Sagrario Metropolitano, el Pala-
cio Nacional, los dos palacios del Gobierno de la ciudad de Mé-
xico, la Suprema Corte de Justicia; el Monte de Piedad [...]
y el único edificio con huéspedes voluntariamente nómadas, el
Hotel Majestic); su fiesta de cumpleaños (el 15 de septiembre);
sus metamorfosis (arca de las solemnidades, plaza del pueblo,
lugar típico, reencuentro con los hábitos de provincia).14

En el Centro Histórico de la ciudad de México, el pasado sigue teniendo hoy la fuerza que siempre tuvo en cuanto a los asuntos de su población, como fuente de identidad personal y colectiva, además de ser baluarte contra el feroz e implacable cambio masivo. Sabiamente lo entona el cantante valenciano Raimon, "quien pierde los orígenes pierde la identidad".

Los cimientos del gran imperio mexica, raíz del ser mexicano, son -como diría George Kubler- la puerta más directa a nuestro pasado, aun más que las historias y las ideas escritas, por que están presentes, ante nuestros ojos y además, se pueden palpar, tocar, disfrutar. Tienen un valor simbólico-significativo, como efectivos vehículos de la relación entre los antiguos mexicanos que los produjeron y utilizaron y nosotros, sus actuales receptores.

*
Las utilidades del patrimonio han cambiado –como señala Josep Ballart-, tratando de sacar el máximo partido posible a los recursos monumentales, sean modestos o majestuosos, a fin de obtener rendimientos intelectuales, educativos, sociales y económicos que beneficien a la comunidad.

A la luz del Documento de Nara (1994), el reto que debemos de afrontar es el de sensibilizarnos, en el sentido de que los criterios estrictamente arqueológicos o conservacionistas deben abrirse de par en par, para dar cabida a otra serie de componentes de la autenticidad, como son el emplazamiento, el medio ambiente, el uso social contemporáneo y sobre todo, las diversas expresiones culturales tangibles e intangibles del paisaje cultural.15

Bajo ese tenor, los más importantes criterios globales que definen a una ciudad moderna, fundada en los principios del bienestar de la sociedad, son aplicados en el rescate y salvaguardia del Centro Histórico de la ciudad de México y de sus espacios emblemáticos.


Se trata también de que los habitantes de la zona central del Distrito Federal, se reencuentren y reapropien de su identidad cultural, de su historia y legado patrimoniales, mediante nuevos protocolos que propicien un más correcto, seguro y funcional aprovechamiento de los edificios históricos y modernos, así como la inclusión de arquitectura contemporánea de calidad.


Así en el centro de la capital mexicana, se intenta lograr ese reencuentro con la memoria y los valores olvidados, la definición de nuevas convicciones comunitarias y la revitalización de múltiples tradiciones que trascienden los siglos, y que conforman hoy un patrimonio cultural inmaterial único, vivo, permanente.

*

La grandeza de México, de su Centro Histórico, es que su pasado siempre está vivo. No como una carga -escribió Carlos Fuentes- "no como una losa, salvo para el más crudo ánimo modernizador." La memoria, nuestra memoria, "salva, escoge, filtra, pero no mata." México existe hoy día, en el presente, por que "no olvida la riqueza de un pasado vivo, una memoria insepulta."16


Como hemos visto, la imperial ciudad mexica padeció la demolición de sus pirámides e ídolos, para dar paso a la evangelización y el surgimiento de la nueva ciudad española. Al floreciente humanismo de los siglos XVII y XVIII, debido principalmente a la Compañía de Jesús, se le destruyó bajo el consentimiento de Carlos III, dando paso a los cánones de la Ilustración. El neoclásico arrasó con el arte barroco privándonos a nosotros y al mundo entero, de notables ejemplos de la cultura novohispana. Y a su vez el liberalismo decimonónico arremetió con furia al arte de los siglos anteriores, en el afán de re-encontrarse con las raíces originarias.


La primera y última definición de la ciudad de México, de su Centro Histórico, es la de "un hacerse entre ruinas" y de las ruinas de ayer, de hoy, de mañana, florece siempre. Es el proceso cíclico de una gran metrópoli que se transfigura, muere y vuelve a surgir. En el Centro Histórico de la ciudad de México nada termina, todo comienza y estamos convidados a ser testigos de ello.

Termino con estas últimas imágenes de un Zócalo inédito: el 6 de mayo de 2007 el artista Spencer Tunick convocó a cerca de veinte mil personas al desnudo masivo. Y nuestro gran, irremplazable cronista Carlos Monsiváis, se pregunta:

¿Hubo antes en la historia arropada de México una salutación
[nacional] tal y como la República nos trajo al mundo?17


Y así la imagen perdura, como perduran el Templo Mayor y el Centro Histórico de la ciudad de México, un centro que como ninguno otro en el país, no discrimina, sino que al contrario es y seguirá siendo depósito vivencial del país.
_____________________________

1- Crespo Toral, Hernán: 1991. Ponencia en el Encuentro sobre Conservación del Patrimonio Cultural de la Humanidad en Latinoamérica y el Caribe. Unesco, Conaculta.

2- Cf. León-Portilla, Miguel, Rojo, Vicente (imágenes): 2008. La tinta negra y roja. Antología de poesía náhuatl. Barcelona: El Colegio Nacional, ERA, Galaxia Gutenberg.

3- Porras Muñoz, Guillermo: 1982. El Gobierno de la ciudad de México en el siglo XVI. México: UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, p. 29.

4- Toussaint, Manuel: 1956. Información de méritos y servicios de Alonso García Bravo, alarife que trazó la Ciudad de México. México: UNAM, Instituto de Investigaciones Estéticas, p. 35.

5- Martínez, José Luis: 1988. "Las casas viejas de Cortés" en Cuarto Festival del Centro Histórico de la ciudad de México. México: FCHCM, p. 10.

6- Cf. Matos Moctezuma, Eduardo: 2008. Tenochtitlan. México: El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica.

7- Cf. Hernández, Enrique, Mendiola, Vicente: 1976. "Obras contemporáneas" en Sergio Zaldívar (et. al.), Palacio Nacional México. México: Secretaría de Obras Públicas.

8- Matos Moctezuma, Eduardo: 2009. "La ciudad de México: pasado con presente y futuro", en VV.AA., México, ciudad de la luna. Patrimonio Cultural y Natural. Barcelona: Gas Natural, Unión Fenosa, p. 74.

9- Monnet, Jérôme: 1995. Usos e imágenes del Centro Histórico de la Ciudad de México. México: Departamento del Distrito Federal, Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, p. 27.

10- González Gortázar, Fernando: 2003. "La comunidad en defensa de su patrimonio" en VV.AA., 1er. foro nacional para el mejoramiento integral de poblados y ciudades. Memoria. México: Gobierno de Chiapas, Lindero Ediciones, p. 163.

11- Govela, Alfonso: 1997. "Los sitios históricos y el turismo" en Gloria López Morales (edición), Turismo Cultural en América Latina y el Caribe. La Habana: UNESCO.

12- Monsiváis, Carlos (texto), Alÿs, Francis detto (fotografías): 2006. The Historic Centre of Mexico City. Madrid: Turner, p. 100.

13- Robles García, Nelly M.: 2007. "Autenticidad y otros valores en la Arqueología de México", en Francisco J. López Morales (editor), Nuevas miradas sobre la autenticidad e integridad en el patrimonio mundial de las Américas. México: ICOMOS, IUCN, p. 95.

14- Monsiváis, Carlos: 2006. Ibid, p. 106.

15- Cf. Robles García, Nelly M.: 2007. Op. cit.

16- Fuentes, Carlos: 2000. Los cinco soles de México. Memoria de un milenio. Barcelona: Seix Barral, p. 27.

17- Monsiváis, Carlos: 2009. Apocalipstick. México: Debate, p. 291.

_______________________________________________

Ponencia con el título "Las excavaciones arqueológicas en la vida cotidiana de la ciudad de México, D.F." presentada en Exemplum, Jornadas sobre Arqueología, Museografía, Urbanismo. Tarragona, España, 2 de diciembre de 2010.